jueves, 5 de septiembre de 2013

Vinilos en las ventanas...



Cuando decidí comprarme una casa sabía que tendría que ser un espacio polivalente donde en un futuro no muy lejano, pudiera montar mi empresa.

La opción de hacerme con un piso me hubiera facilitado los trámites hipotecarios. Imaginaos la cara de la persona encargada en la sucursal de turno cuando le decía: "Hola, me llamo Ana y quiero comprarme este local tan cochambroso que pronto convertiré en un loft de lo más mono". Su concesión tenía que ser un acto de fe puro y duro.

Y lo fue.

Un bajo a pie de calle, el sueño de toda madre para su hija-jajajajaja. Sin embargo mis padres tuvieron aún más fe en el proyecto que aquellos que sólo calcularon si la operación era "viable".

La única pega que puso mi padre fue: "con estas ventanas tendrás que poner unos vinilos para que no te vea la gente desde la calle"...

A día de hoy me lo sigue repitiendo y yo, en mis trece, me sigo escaqueando como puedo.

Lo reconozco: adoro mirar por la ventana y no me da ningún reparo compartir ese placer con los de fuera... me gusta eso y todo lo que conlleva vivir y trabajar en uno de esos barrios con mucha "vidilla" (valga la redundancia).

No me malinterpretéis, no soy como "la vieja del visillo" todo el día ahí pegada a los geranios, saludando a unos y otros como la princesa Letizia el día de sus reales nupcias . 

A veces me abstraigo tanto que aunque pasara la cabalgata de reyes no me percataría de su presencia. Otras veces miro al infinito buscando un sinónimo, como me acaba de ocurrir ahora. Si en ese momento nada ni nadie me saca del ensimismamiento, retomo el tecleo y prosigo con mi labor.



Hasta la fecha he visto y oído de todo:

- Compañeras de trabajo que salen a la hora del cigarrito y desde su esquina cotillean y murmuran sobre lo bonita que es la lámpara de araña colocada sobre la mesa donde trabajamos...

- Madres que levantan a sus hijos que no miden un palmo porque al pasar gritan que ellos también quieren ver lo que sus madres tan afanosamente observan...

- Jovenzuelos en la edad del pavo con sus gorras y monopatines que nos deleitan con comentarios del tipo: "Joé macho, cómo mola esa kelly".

- "Señoras que" con la excusa de preguntar "si antes este local era una peluquería", llaman a nuestra puerta y si nos descuidamos, entran hasta el baño del fondo.

- Casos aislados y curiosos como el de un viejito que se asomó a nuestra ventana y nos preguntó: "!Oiga! ¿A cuánto está el café?" a lo que nosotras respondimos: "Disculpe, no vendemos café" y entonces él, con un gesto de sorpresa, exclamó: "¡¡Pero si tenéis cafetera!!"...



Sé que cuando mi padre y progenitor lea este post y llegue al guión del viejito cafetero, descolgará el teléfono y me dirá: "¡¡Pon esos vinilos a la de ya!! yo te los pago si hace falta..."

Espera papá, no llames aún... 


Quiero explicarte qué hubiera pasado en este tiempo si hubiera ocultado mi cara, mi casa y nuestro trabajo. 

O mejor dicho, qué NO hubiera pasado...


- No hubiéramos conocido a "Pachu", el profesor de la escuela de música que hay justo enfrente. En realidad no se llama "Pachu", ese es el nombre de su escuela. Bueno, en realidad lo era hasta hace poco que decidieron cambiarlo por algo más "comercial".

Sin embargo el nombre de Pachu le viene como anillo al dedo, o eso creemos nosotras. Con su barriguita cervecera sale cada dos por tres a fumarse un cigarrete. Es su rutina diaria, al igual que la nuestra es exclamar justo a continuación: "Ya está Pachu echándose otro piti. Este chico trabaja menos que el policía de Barrio Sésamo..."

Lo susurramos desde el cariño que conste; nos cae realmente bien. Apenas hemos cruzado un par de frases eso sí, pero lo suficiente como para saber que es un buen tío y lo necesario como para preocuparnos cuando no le vemos por aquí...

Además parece que el cariño es mutuo, pues el otro día le vimos preguntándole al consorte por nuestras vacaciones.

Pachu, aunque "pa-chu-bola" (#festivaldelhumor) es una figura imprescindible a través de la ventana.



*****


"Locatis" pasa cada mañana y cada tarde por delante del estudio. Él no sabe que lo sabemos, es la única persona que jamás ha mirado por la ventana.

Cumple sus horarios a rajatabla. Es de esas personas que antes de salir de casa comprueba que ha cerrado tres veces. Fija el punto de salida y el de llegada. En medio de cada paseo para exactamente en el mismo lugar. A veces a quitarse la chaqueta. Otras veces a ponérsela. Y la mayoría de ellas, para dar una vueltecita sobre su propio eje. Es algo así como "un, dos, tres, cuatro, paro-delante-del-garaje, vueltecita ¡ale hop!, cinco, seis, siete y sigo".

Esa curiosa manía le hizo ganarse su apodo.

Cuando volví de vacaciones y me senté en mi silla vi a lo lejos su sombra y pegué un salto de mi asiento: ¡¡¡Locatis!!! rápidamente le mandé un mensaje a Margot que aún seguía en el pueblito bueno: "¡Amigaaaa! ya he visto a Locatis!!!!".

Y es que no me preguntéis cómo pero nos inspira tanta ternura que a veces me entran unas ganas locas de esperarle en mi puerta y decirle al pasar: 

- "Señor, usted no lo sabe, pero le vemos pasear a diario; a veces incluso decimos: ¡mira qué arregladito va hoy Locatis!" 

(bueno, lo de su apodo mejor me lo callo por si lo pilla y me "fostia")


¡Sería tan guay hablar con Locatis después de tantos años "juntos"!.


Sin embargo me da miedo. No por su apariencia; al fin y al cabo es un señor de pelo blanco y gafas que debe rondar los 60 con una pinta de no haber matado una mosca en su vida. Pero ¿y si rompemos su rutina?. Es decir, él sabe que al llegar a nuestra puerta le quedan tres pasos para hacer su vueltecita giratoria. Si yo le freno dos pasos antes, lo mismo eso produce un efecto no deseado, algo que le descoloca. ¿Y si reacciona mal y a partir de ese día nos considera un "elemento hostil" en su trayectoria y decide desviarse para siempre?. Eso sí que sería triste...

Mientras decidimos si es o no una buena idea (admitimos sugerencias) al menos desde aquí, queremos que sepas querido Locatis, que en fondo de nuestro corazoncito boleno, te queremos un poco (y digo "un poco" por miedo a quedar como una ñoña)

Naaaa ¡cero freak! ¡¡Te amamos mogollón!!.


*****


"Tuamiga" como comúnmente apoda Margot a la persona de nuestra siguiente historia, es algo así como mi "ángel de la guarda"...

Una tarde estaba trabajando sola en el estudio cuando de pronto "se abrieron los cielos" como diría la Reina Madre. Chuzos de punta, granizo como bolas de billar. El cielo se puso negro como los "cohone" de un grisllo y yo me apresuré a bajar las persianas para que no se ensuciasen los cristales.

De refilón pude ver un cuerpecillo pequeño y algo chepudo escondiéndose bajo el quicio de mi puerta. No dudé en abrirla y comprobar que una señora muy menuda, y mojada hasta las cejas, intentaba protegerse del tormentón como podía, con apenas media bolsa de plástico.


- "Pase, pase por favor. No se quede usted ahí fuera que va a coger una pulmonía".

- "No hija, no te preocupes, que te voy a manchar el suelo y tú tienes la casa tan bonita...".

- "Si se ensucia, se friega pero hágame el favor de pasar o me quedo yo aquí fuera y morimos por Dios y por la patria".


Entonces entró y miró hacia arriba. No podía bajar la cabeza. Como si el techo de mi casa estuviera por lo menos a diez metros. Miraba y remiraba, se deshacía en elogios. Apretaba sus mofletes con las manos cuando se refería a la cocina. 

Minutos después me explicó que tenía que ir a casa rápido porque tenía que recoger a su nieto.

"Miamiga" pretendía salir con la bolsa en la cabeza esquivando lo que ya eran melones de Villaconejos.

Le ofrecí mi paraguas. El único que había en casa. Una párabola tan enorme que más bien parecía una sombrilla de playa. No la conocía de nada. Ni siquiera sabía si volvería a verla; ni a ella, ni a mi sombrilla... pero dejarla marchar a su suerte, hubiera sido una crueldad...

"Toda suya. Cuídese".

Una semana más tarde, en un día soleado como de pleno verano, una cabecilla se asomó por mi ventana. ¡¡Miamiga!! Allí estaban ella y mi sombrilla. Agradecida hasta la saciedad. 

Desde entonces cada semana la veía pasar. Algunas veces nos parábamos a charlar, otras me saludaba con la mano y otras simplemente me susurraba muy bajito: "Yo te veo todos los días, pero como estás tan concentrada no te digo nada para no molestarte. Pero que sepas que siempre me fijo".

Hasta que un día desaparecí. 

Mi operación, cuyo proceso expliqué en este post que guardo en un rincón privilegiado de mi corazón por el inmenso cariño recibido, me mantuvo alejada de mi trabajo y de mi ventana durante prácticamente un mes.

Nunca se me olvidará la cara de angustia con la que volví a ver a "Miamiga". Me abrazó con tanta fuerza que pensé que me explotaba el bazo. Ella no sabía nada, sólo que un día dejó de verme tras la reja. La pobre estaba hecha un manojito de nervios. La invité a pasar, le conté lo ocurrido y desde entonces, después de casi dos años (que se dice pronto) aún me pregunta si "sigo bien de lo mío"...

Cómo no quererla... :__)

Bendita tormenta y bendita sombrilla.


*****


"Los cieguitos".

Como veis, nuestra capacidad de invención y originalidad a la hora de poner un mote nos catapultará a la fama jajajajaja....

"El cieguito señor" rondaba la mediana edad. Cerré los ojos cuando le vi precipitarse al vacío. Las escaleras que comunican mi calle con la de abajo están viejas, desgastadas y hacen un quiebro a mitad de recorrido. Con el primer impulso salí del estudio sin coger ni las llaves, le agarré del brazo sin ni siquiera presentarme y cuando llegamos a tierra firme me di cuenta de que iba en zapatillas de andar por casa. Yo... él iba estupendo.

Unos meses más tarde casi sufrimos un infarto. 

De repente un golpe seco hizo temblar la enorme verja metálica que protege los muros de nuestro "fortín". Después de ese, tres más seguidos, aunque con menos alcance. Cuando me asomé, una pareja de invidentes más perdidos que una "chiva en un garaje" intentaban averiguar quién había cambiado la escalera de sitio.

Se habían "atascado" en una especie de rellano justo delante del portal de nuestro edificio. La escalera estaba sólo a un par de metros de distancia pero entre tanta valla y tanta enredadera colgante, los pobres se sentían Yorch de la jungla.

En seguida reconocí al hombre de la pareja.

Al grito de ¡vamos amiga! Margot y yo salimos por la puerta, esta vez con un calzado en condiciones... Formamos dos parejas de baile e intentamos seguir el compás. Sin duda lo hicimos fatal, al menos en mi caso. Intenté darle conversación a mi compañero de escalera para que la situación no le resulte incómoda. Pero claro, con tanta charleta se me olvidaba lo más importante, decir: ¡escalón! ¡¡rellano!! ¡¡¡giro!!!

Soy una guía pésima.

Aquel día iniciamos una nueva rutina. Un golpecito en la reja o un simple ¡hola! a través de la ventana bastaban para que mi hermana y yo saliéramos disparadas al encuentro de la pareja de enamorados. Manteníamos una breve y animosa charla, bajando un paso por delante de ellos procurando que al menos, entre chascarrillo y chascarrillo, supieran intuir si se trataba de un escalón, un rellano o un giro.

Después de coincidir en varias ocasiones y sin llegar a "juntar" una hora entre los pequeños ratos compartidos, una mañana se asomaron por la ventana para avisarnos que iban al dentista. 

Entonces ocurrió algo que cambió las cosas. La mujer me llevó a un lado y me preguntó de qué color eran los zapatos que llevaba puestos. Yo le dije que de color "beig". Se tocó el vestido y me dijo entre risas: "seguro que no me pegan ni con cola". Y era cierto pero... ¡qué demonios! no le iba a decir eso... Total, yo había asistido a nuestro primer encuentro en babuchas. "!Estás guapísima!" le dije "el beig pega con todo"

A la vuelta del dentista les acompañamos escaleras abajo. 

- "Os invitamos a un helado" comentaron animosamente. 

- "Hoy no podemos, mañana cerramos por vacaciones y estamos preparando pedidos como locas y dejándolo todo listo antes de irnos. Pero volvemos en Septiembre y entonces ¡prometido!".

Quedamos así. Besos y más besos. "Pasadlo muy bien, descansad...". "!Y vosotros!".

Desde aquel momento lo supimos, éramos AMIGOS. Amigos de unos perfectos desconocidos que se dieron de bruces con nosotras, literalmente.

Queda pendiente ese helado. Aún no han debido volver de vacaciones porque no les hemos visto por la ventana...



¿Ves papá como no puedo poner vinilos?







Hermanas Bolena... recordadme que la próxima entrada de la sección "qué haría si no hiciera lo que hago" se titule: escribiría un libro, jajajajajaja.

Gracias @SeñoritaPuri po que de pue de lee tu lib o, e etomado e ta vieja co tumb e mia 

Y no, no me he vuelto monguer. Esa coletilla final forma parte del telón que cierra su libro, recomendado 100% y el cual he devorado como una cosaca. Pero de eso ya hablaremos en otra ocasión ;)








22 comentarios:

  1. Que se me han llenado los ojos y todo!!
    Me habéis emocionado, sois geniales y, por eso, os pasan cosas geniales.
    Muchos besos bolenis ;)

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  2. Anónimo22:15:00

    Solo te diré q da gusto leerte.
    isa r

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  3. Jajaja, me ha encantado la historia! Especialmente la de "Tuamiga" :)

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  4. Que historias tan tiernas, se me han saltado las lagrimillas, sois capaces de sacar el lado bonito de la vida en cualquier situación y en cualquiera, os adoro!

    Un beso

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  5. Lo intuía. Ahora tengo la certeza. Sólo las cosas hechas con corazón exhalan un aura que las hace especiales. Especiales hasta el punto de hacernos olvidar que son cosas. Entonces una puede sentir el corazón de una lámina, de una libreta o de un sello latir al unísono de otro corazón. El de las personas capaz de soñar. De escuchar. De ver en vez de sólo mirar. De sentir. Sentir no es tan fácil como parece. Sobre todo cuando tras el cristal sin visillo ni vinilo, están los demás. Y entonces, si se tiene un corazón como el vuestro, el ver y el sentir lleva parejo el dar. Y ahí, padre, madre y abuela Bolenos, sois "culpables" de que las nenas sean personas estupendas. Padres Bolenos, nada de vinilos ni visillos. Que de haberlos ya inventarían ellas algo... Que igual tapamos las ventanas y les da por dejar la puerta todo el día abierta...

    Abrazón
    Nenas, ¡os quiero un montón (por no decir un güevo)!


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  6. Lo dicho...siempre es un placer pasarse por aquí. Y si, creo que deberías escribir un libro.
    Bss.
    Mercedes.

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  7. Jajaja me ha encantado la historia. Yo seguro sería una de esas chicas que se asoman a la ventana enamoradita de tu loft. (me pregunto si tendría mote... jajaja)

    Besos

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  8. Carolina8:53:00

    que bonito post! :) Ojalá yo tuviera vecinas como vosotras!! que bonito andaría el mundo!!

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  9. Jo, como moláis. :___)

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  10. Me gusta gusta tu forma de contar las cosas.... gracias!!!!
    Besos

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  11. Oyeeee...qué bueno!! Parece que las historias van a juego con la casa...Claro que igual las "ocupantas" también tienen algo que ver.

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  12. Anónimo11:15:00

    Sois adorables... No hace falta decir más.
    Papá Boleno, deje usted fluir el karma del loft, que sin "vistas" no sería lo mismo ;)
    Besinos, guapas!
    Marta MPeruyera.

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  13. Cuanto más os leo más y más me gustáis... :) Feliz fin de semana!

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  14. ¡¡Me ha encantado!! Definitivamente no puedes poner los vinilos ;)

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  15. Sois increibles, me encanta leeros un 10 para este blog. Seguir así!!!!. Muchos besos.

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  16. Sois estupendas, me encanta leeros, un 10 para el blog. Seguid así!!!. Muchos besos.

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  17. Qué geniales todas las historias, me han dado ganas de ir a buscarme un bajos ahora mismo jeje

    Feliz finde!
    Salui

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  18. No sé cómo lo hacéis, pero me emociono con el 99% de vuestros posts. ¡Sois increíbles! Ojalá más gente tuviese el don de ver la vida como vosotras.

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  19. Libro boleno ya!!! Lo vuestro es una ventana indiscreta buenrollera q da gusto...cómo molan los barrios de toda la vida ehhh!? Son más acogedores y más humanos.
    Besetes y buem finde

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  20. Anónimo22:11:00

    A veces las leo y de verdad que no puedo imaginarme todas las cosas que les pasan jajajaja ya hasta siento que las conozco de toda la vida :D Saludos desde México.

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  21. Me habéis sacado una sonrisa y dos y tres también.
    Me encanta vuestro blog, un saludo!

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  22. Increibles historias... me han encantado, no me extraña que no querais poner vinilos..

    Por cierto, yo si he puesto, en el baño, no es cuestión de que el vecino me vea el culete mientras riega las lechuguinas..

    Un saludo.

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¡Millones de gracias por tu comentario! Nos encanta leeros ;)

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